El guiño cómplice de tu propia sombra

Siempre se aprende de los grandes fotógrafos. Nunca me canso
de repetirlo en mis talleres: para entender el lenguaje fotográfico hay que
observar con lupa como construyen sus imágenes los buenos fotógrafos. Y todo
ello, no sólo sirve para asimilar distintas variantes compositivas para
resolver problemas visuales que se avecinan a través del rectángulo de tu
cámara. También sirve para tener una base, un criterio e ir un poco más allá y
no aburrirse en el mero intento de “copiar” y “copiar” lo mismo, siempre.
Las influencias son buenas para capitalizar ciertos
argumentos visuales y hacerlos tuyos.  En
ese sentido, tengo un agradecimiento profundo con Lee Friedlander.
(c) Lee Friedlander
Ya que gracias a sus trabajos de autorretratos y sombras
pude entender que, a veces, tu propia sombra, puede, entre otras cosas, darle
un equilibrio a tu composición y “algo más”.
(c) Gueorgui Pinkassov
Ese equilibrio de tu propia sombra constituye un buen recurso
compositivo para que no se caiga tu imagen y llene espacios que quedarían
demasiado vacíos. 
(c) René Burri
Y no no sólo eso, tu propia sombra puede generar un guiño a
la lectura visual de la imagen. Y ese recurso compositivo es esclarecedor.
(c) Lee Friedlander

La simple presencia del fotógrafo a través de su sombra es interactiva, la percibo como una intromisión necesaria para el buen desarrollo de la escena. En ese sentido, cuando se produce, esa yuxtaposición me parece maravillosa, íntima y
nos recuerda que somos parte de la escena y, no sólo ser un extraño desde atrás de la cámara.

Hasta pronto!

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