¿compartir o existir?


2011©ubaldomoreno

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con motivo de su cumpleaños, no el mío, el suyo, me ha regalado un “smartphone”. nosotros nos gestionamos así, o nada o a nuestro aire. yo hasta ahora había resistido la tentación de adquirir uno, porque ya acarreaba con un teléfono móvil por causa de mi trabajo y no me atraía nada la idea de ocuparme de dos. sin embargo seguía sin resolver el tema del acceso puntual a internet.

no era un gran problema por supuesto, pero tampoco hacen falta resistencias numantinas, sólo usos racionales.  en realidad sólo lo he resuelto a medias, dentro de españa. en cualquiera de los casos, tampoco era de recibo tener una secretaria para que gestione mis llamadas. te doy las gracias ahora, públicamente.

bien, el caso es que inicialmente me sorprendió la cámara que lleva incorporada. y la aplicación de photoshop express u otras aplicaciones de gestión. pero sobre todo, me sorprendió con que facilidad, momentos después de tomar una foto, la misma era compartida con el público. es una forma de hablar, porque implica que haya receptores. claro que disponemos de una serie de contactos a los cuales enviar un sms con nuestra imagen, pero hay otra categoría de comunicación, las redes sociales que hacen que el acto de comunicar sea muy sencillo e inmediato. si existes previamente. y no físicamente, sin lo cual no podrías estar leyendo este comentario, de haber alguien leyéndolo. más bien si existes digitalmente. con tu perfiles digitales en las distintas redes; redes de amistades reales, recalco, reales, pero llevadas en el mundo digital.

finalmente no hay mayor diferencia con respecto al mundo real, donde si no haces presencia en asociaciones fotográficas, concursos y talleres dándote a conocer y a tu trabajo, tampoco existes, ni tu, ni tu trabajo. y yo no se los demás, pero yo debo gestionar pésimamente mi tiempo, porque nunca encuentro el momento de socializar, más que cuando la oportunidad es de no dejarla pasar. así que tal vez no sea tan negativo, como opinaba antes, existir digitalmente para compartir realmente, “realmente” por el hecho de hacerlo y no como me ocurre actualmente que por falta de tiempo me he de contentar con unas cuantas ocasiones propicias y compartir más bien poco. otra cosa es que haya receptores. pero eso ya es otro problema sobre el que no puedo hacer nada.

2011©ubaldomoreno

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p.d. si saramago podía escribir sin prestar atención a la puntuación y le entendía, yo puedo prescindir de las mayúsculas, que lo relevante es el punto que hay al final.

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Pero ya no era lo mismo …

Baldessa 1

Este fin de semana, en una visita al hogar parental, tuve la oportunidad de rescatar de una papelera, donde he de confesar que me extrañó encontrarla, a la posible causa de mi interés juvenil por la fotografía. Una “MADE IN GERMANY WEST” número de serie 157849  Baldessa I con objetivo Baldanar 1:2,8 / 45mm, que se comenzó a fabricar en 1957. Una cámara sin telémetro, ni fotómetro. En aquel entonces algo completamente fuera del alcance de mi curiosidad. Imagino que en un afán por emular a mi padre quedaría grabado como objeto “fetiche”. Lo cierto es que también tenía una pequeña “enciclopedia” de un tomo sobre fotografía, donde había hojas escritas a mano con formulas químicas de revelado, tiempos, que también acabé “reciclando” y que guardaré ahora junto a la cámara. Y también recuerdo que había un amigo de la familia, fotógrafo de prensa al que ya no puedo ponerle rostro,  con un estudio de fotografía próximo a mi casa, que para mí entonces era alguien importantísimo, un fotógrafo, un artista. Desconozco si se dedicó solamente a la BBC o si hizo algún trabajo más personal; pero eso no era relevante entonces. Yo sólo pensaba en visitar su estudio y trabajar como fotógrafo (más adelante me ocurriría lo mismo, pero con la carpintería). Un caso lo mío. Hasta una fatídica sesión de fotos en mi casa que mi familia aún recuerda. Y se acabó la pasión por la fotografía de mi padre. Por mi padre no, evidentemente.

Lo cierto es que unos cuantos años más tarde, el colegió organizó unas talleres extra escolares y uno era de fotografía. Mi hermano acababa de comprarse una cámara de Alemania del Este, imagen de la Praktica LLCuna PRAKTICA LLC, aunque no podría asegurar que fuera ese modelo. Tenía medición TTL y control eléctrico del diafragma. Se suponía que sólo había que mover la velocidad o el diafragma hasta que el palito quedara en la mitad de la raqueta del visor… cándido. Bueno, a lo que iba, que me apunté al taller. Y claro, había que llevar una cámara. Y la expresión de mi hermano era evidente. Antes muerto. Así que le pedí la cámara a mi padre y accedió. Increible ! Supongo que me habría avisado que la cámara era algo antigua, pero me insistió, eso si recuerdo, que la “óptica era muy buena y que hacía unas fotos muy nítidas”. A mi me pareció suficiente.  Hasta que en la sesión inicial en la que había que llevar la cámara, – supongo que el profesor querría saber con que se iba a enfrentar, empiezan a sacar Minolta, Olympus, Nikon, una Hasselblad… tierra trágame… Resumiendo, que hicieron mucha gracia los chistes sobre mi camera. Del taller ni hablar, porque ese hombre sabía más bien poco o yo era de pocas luces, porque no caló lo primordial, la exposición de todas las cámaras al tono medio. También es posible que con mi orgullo herido y el “turre” de apuntes que tuvimos que tomar casi hasta la noche, se me pasara por alto el “detalle”. En cualquier caso, no aprendí nada de aquel taller, más que mi primer contacto con el revelado químico en blanco y negro. Mi hermano o se compadeció de mis lamentos o bien le harían risas de mi cámara, porque acabó prestándome la suya.  Pero ya no era lo mismo…

 

 

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Moments from Iceland – Johannes Frank

En cada viaje intentamos localizar algún libro de fotografías para aumentar nuestra librería. En esta ocasión hemos encontrado este libro recién editado (2011) de Johannes Frank titulado “Moments from Iceland” ISBN 9 789979 709138.

Fotografías en blanco y negro tomadas a lo largo de 5 años. Todas las fotografías son de origen digital tomadas en color y convertidas en blanco y negro en el laboratorio digital. A su modo de ver el blanco y negro expresa mejor el caracter del paisaje.

El resultado es un magnífico libro.

Se puede ver parte del contenido en un libro digital previo de título Moments in Iceland.

Espero que os guste.

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Islandia, esperando bajo la lluvia

El plan era sencillo:  esperar  al deshielo de las montañas del mes de julio y pasar una semana fotografiando los rincones de este increible paraje de Islandia. Nos inquietamos un poco con el asunto del volcán Grimsvötn de finales de mayo, ya que los billetes estaban comprados desde Noviembre del 2010. Sin olvidar que ya en abril, el volcán Eyjafjalla la lió parda.  Le habría dado tiempo a la naturaleza a borrar las secuelas de las erupciones ene estos meses ? Habría restos de cenizas por todas partes ? Podríamos hacer las fotografías que nos habíamos imaginados  en este nuestro tercer viaje a Islandia ?

El vuelo.

Bueno, ya veremos. En esta ocasión el viaje se construyó por partes y no se cayó en la cuenta de que en Londres hay cuatro aeropuertos. E hicimos uso de los tres principales, ya que el de London City parece que es para aviones pequeños y de cías aéreas bandera. Nosotros volábamos en low cost y aeropuertos periféricos. Pues lo dicho, que llegábamos a Stanted con EasyJet  y continuábamos por Gatwick con IcelandExpress. Y ya puedes disponer de tiempo, porque el autobus tarda 3 horas y cuesta 75 euros por persona. Y si cae en día y horario escolar hay que ir con tiempo, porque cruza por la mitad de todas las poblaciones. Sorpresa !

Comentar que en cuanto me sea posible me haré la cola para hacerme el nuevo pasaporte de chip, porque te saltas todas las colas de control de pasaporte. llegas, pones tu pasaporte, una foto y se abre la puerta de la frontera. Listo. En mi fila había como 100 personas. Y visto que cada vez hay más controles y que te juegas la conexión, no hay duda. A hacer una vez la cola en la oficina de la policía española y ninguna más.

Como siempre con aventuritas en los aeropuertos. Señorita, creo que no me ha dado el asiento que tenía reservado . Pero si hemos pagado por asegurarnos una plazas en concreto. Pues yo creo que no, esta cía aérea ni siquiera reserva asientos. Se sientan ustedes donde quieran. Glub.

Llegados a Gatwick, aún teníamos que esperar unas horas, así que aprovechamos para comer algo y aún nos dio tiempo para echar una cabezada. Mala idea. Cuando llegamos a los mostradores de facturación creíamos aún ser los primeros en llegar. Error. Los últimos y a punto de cerrar la facturación. Carreras para llegar a la puerta. Y antes, el control de seguridad. Tiempo estimado según la autoridad aeroportuaria: 15 minutos. Glup.

Carrera, larga, muy larga. Y nadie en el camino. Nadie. Llegamos a la puerta de embarque y sólo encontramos al personal en el mostrador. Sin aire en los pulmones pregunto si van a poner un autobus y me mira con cara de sorpresa. Siéntese y espere. Retrocedo y pienso que no me ha debido entender. Cómo que espere ? Si vamos a perder el avión. Ah no ! Perdón, que no me he debido expresar. Va a haber algún otro autobús para ir al avión ? Me vuelve a mira con cara de no entender mi pregunta y me informa que soy el primero en llegar. Eh ? Esta mujer me deja en tierra. A punto de volver al ataque, aprecio que empiezan a llegar, corriendo y con cara de “no me dejen atrás” más y más gente.  Mejor sentarse. Y siguen llegando. Está claro, han cambiado la puerta de embarque y la gente llega resoplando. No aprendemos.

Lo que si que recordaba es que hay que hacer buen acopio en el duty free antes de de salir con las maletas. Una sustancial diferencia en el precio del vino y de la cerveza, que sólo se expenden en los Vinbudin (THE STATE ALCOHOL AND TOBACCO COMPANY OF ICELAND), casi un 30% menos.

La llegada.

La llegada también fue de traca. La llegada estaba estimada a las 00:30, es decir, al día siguiente y habíamos pagado un adicional porque nos llevaran el coche al aeropuerto. Sin embargo, en el papel que traíamos ponía que habíamos de llegar el día en curso, es decir que podría ser que nos hubieran ido a buscar esa madrugada, cuando aún disfrutaba del calor de mi cama. Efectivamente. Allí no había nadie y por fortuna la señora que atendía el mostrador de información nos dio las claves. Coged un taxi hasta Njardvik que están abiertos las 24 horas. Están cerca, unos 7 km. No es cuestión de dudar. Son casi la 01:00 am. Llegamos al lugar. Resultó se un Fit Hostel/Guesthouse  (hab.doble 7500 isk). Se anunciaban como los más económicos en el alquiler de 4×4, en base a vehículos bien mantenidos de unos diez años de antigüedad. Aqui hay que diferenciar entre un 4×4 y un todo terreno. Un 4X4 tiene la misma utilidad que un SUV en casa. Un todo terreno no se puede pagar. El nuestro, con 10 añoz, era unos mil euros más barato que  un 4×4 nuevo. Resultó ser un Nissan Terrano azul. Lo primero que vemos es un bocado en el asiento del conductor del tamaño de unos 20 cm de largo y unos 10 de ancho y fondo. Empezamos bien. La puerta del copiloto no se abre. Ejem. Finalmente acaba abriéndose. Por lo demás conforme. Los asientos traseros se abaten, pero hay toneladas de pelos de perro de edad indeterminada. No es hora de reparos. No debemos preocuparnos de los arañazos, sólo de las roturas de faros y parabrisas. Nada de cruzar “rivers”, sólo “streams”; sólo que hay saber la diferencia entre uno y otro. Así que recogemos el coche y nos vamos a buscar donde dormir. Son las 02:00 am GMT, es decir 04:00 hora de casa y es hora de dormir. Como de costumbre, noche de hotel. En las proximidades del aeropuerto. Ducha y cama. Por hoy esta bien.

El día comienza con la logística habitual. Parada en supermercado y compra. Los precios más elevados que en casa. Pero el surtido de verduras y frutas es impresionante. Se aprecia no obstante su paso por cámaras frigoríficas. Alrededor del 78% del suelo de Islandia es improductivo, y sólo el 1% de la superficie se utiliza realmente para el cultivo. En zonas de aguas termales se cultivan verduras, flores y frutas tropicales para el consumo interno en invernaderos con calefacción de agua caliente de los manantiales. Pero no les falta de nada.

Como en el coche no queremos dormir por higiene, compramos dos colchonetas para el suelo de la tienda, nuestra Helsport Hardanger, una magnífico modelo que ya no se fabrica. 2,4 kilos de peso total y espacio más que suficiente para dos personas y sus mochilas. Se monta primero el doble techo y luego el interior, lo cual es importante en determinados climas y aguanta mucha lluvia. Sólo tiene una pega, el recinto interior tiene un techo bajito para mi standard. si sólo hubiera sido 10 cm más alta. En cualquier caso, soltando la cabecera del recinto interior se puede estar muy confortablemente. Lo más parecido que fabrican ahora es laRondane Light 2. La resistencia al viento, granizo y lluvia torrencial está comprobada.

Un rescate inesperado.

Una vez pertrechados enfilamos nuestro destino por la y nos pasamos el cruce. Así que decidimos atajar por una carretera secundaria que figura en el mapa que nos enlazará con la 26.  Sabemos por el aviso que hay en el comienzo de cada una de estas pistas que habrá que vadear. Nos arriesgamos, porque siempre hay tiempo de dar la vuelta. Y efectivamente, una hora después tuvimos que dar la vuelta. Esto no era un “stream”. Esto es un “river”.

2011©isabeldiez

Y entonces fué cuando la liamos. Había que volver a cruzar un paso que no parecía complicado y acabamos enterrando el coche el arena. Este es el preciso momento en que el coche se atasca. Parece increíble, pero con cada intento de sacarlo, la cosa se pone mucho peor y acabamos fuera de la rodada y con las ruedas traseras hundidas en limo. Justo debajo de esta arena que veis, hay hielo, de ahí las manchas oscuras de la arena. Bien, tenemos un problema y algo serio, porque no hemos visto a nadie a lo largo del día. Bueno, dos quads a lo lejos. Y ahora ?  Y volvió a ocurrir el milagro; aparece por encima de la loma un todo terreno monstruoso con ruedas de tanqueta. No hizo falta decir gran cosa, se nos debía ver la cara de pobrecitos en apuros. Se trataba de un taxi todo terreno de 6 pasajeros que se ofreció a ayudarnos. Sacaron un estrobo del maletero y nos remolcaron fuera del bache. Muy agradecidos, que es de bien nacidos, les ofrecimos nuestra mejor botella de vino, un Raimat Cabernet Sauvignon 2004, comprado en el duty free del aeropuerto. Aún no me había percatado de que se trataba de un taxi y no sabía a quien ofrecerle la botella. Todos me miraban sorprendidos, nadie se ofrecía a recibirla, dando por descontado la ayuda prestada. El más comunicativo me indicó al conductor. Al fin y al cabo él me había sacado. El conductor rechazó la botella, no se bien si por vergüenza, ya que el estaba contratado o porque no le gustaba. Cuando parecía que la botella iba a quedar huérfana, pregunté si tal vez no les gustaba el vino,  pero el mayor de todos, que no quitaba ojo del ir y venir de la botella, no tardó en ofrecerse como nuevo padrino. Espero que la hayan disfrutado. Que suerte tuvimos.

Regresaríamos por donde habíamos venido y calculamos llegar a Landmannalaugar sobre las 10:00 de la noche. Serían 3 horas de conducción, pero por carretera asfaltada.

Y poco a poco el tiempo iba empeorando. El viento, omnipresente desde la llegada al país, iba arreciando. En el interior del coche se puede masticar el polvo y todas las toberas y ventanas están ya cerradas. De hecho, la ventana del copiloto trasera ni siquiera funciona. Tampoco funciona el ex-encendedor o conexión con la batería, así que no podremos cargar las baterías de la cámara, ni escuchar el ipod con la radio. La cual se sujeta con un trozo de papel para evitar caer con el traqueteo de la pista. Los amortiguadores de primera.

Me hubiera gustado haber grabado un video de los remolinos y de los frentes de nubes de polvo que se formaban y avanzaban por la explanada como olas.

Al viento le acompaña ahora la lluvia.

Comienza a gotear desde el techo solar. Me cae en la mano, sobre la palanca de cambio. Por lo menos no me cae en la cabeza. Mejor cruzar el río ahora y poner la tienda. No hubo mucho problema en cruzarlo, porque el tubo de escape tiene una inclinación suficiente a modo de sifón. Los todoterrenos simplemente tienen snorkels. Pero impone notar el empuje del agua desde un lateral del coche.

Montamos la tienda muy próximo al coche, en una zona de piedras suficientemente elevada como para evitar que la lluvia inunde los bajos de la tienda.

2011@isabeldiez

Y después de tanto esfuerzo que mejor que un pequeño homenaje. Cigalas a la plancha y arroz a la marinera . Beronia Crianza 2008. Cocinado en el asiento trasero del coche, un lugar que se convertiría en lugar de estancia, secadero de ropa, salón de juego de cartas y cocina durante los siguientes días. El día que mejor tiempo hizo  sólo llovió. El resto de días, llovió, hizo frío y soplo mucho viento. El problema es que hay una cortina gris de agua y los cielos son igualmente grises, sin interés alguno. No obstante, hicimos la ruta del Skalli, sin poder completarla por una pala de hielo. Se podía sortear, pero la niebla iba en aumento y la vuelta es de las más largas. Una de las guías del refugio hacía el camino para comprobar el estado y decidió no cruzar la pala. La inclinación era importante. Al día siguiente nos comentó que el resto del camino lo hizo entre nieblas.

Pérdida del enfoque

Si bien mantuvimos el buen humor, al segundo día de lluvia pensamos que tal vez, en alguna otra zona, el tiempo podría no ser tan monótonamente gris, con cielos más dramáticos. Al fin y al cabo había otros lugares de nuestro interés y el pronóstico era de lluvia segura en los próximos días. Tal vez el jueves podría mejorar. Finalmente recogemos y decidimos ir hacia el norte. Salvo que el coche no tenía batería. Cero. No arrancaba. Afortunadamente se ofrecen los vecinos a empujar y arrancamos. Nos dirigimos a Hveravellir, hacia el norte ya que la lluvia viene del sur-este y hacemos una parada en Geysir, para comer y llenar el tanque. Seguía lloviendo y sin embargo el lugar estaba abarrotado. Tampoco íbamos a dejar pasar la ocasión de ver esta maravilla natural.

Y al final no llegamos a repostar en Geysir. Según la guía de carreteras del 2011, en Hveravellir hay una gasolinera. Pues no era del todo cierto. Existe una, gestionada por el albergue – camping – centro de información y único establecimiento turístico en aquel páramo, en régimen de “suministro en caso de emergencia”. Lo que significa que es más cara. Con un cuarto de tanque y 90 kilómetros hasta la más próxima, podríamos pasar sin repostar, pero mejor no apurar y lamentar. A partir de este momento, llenamos el tanque cada vez que vamos a hacer un tramo de pista.

En la cabaña escucho a otro viajero comentar que vienen del norte horrorizados del viento y la lluvia. Y como aquí mismo prosigue la lluvia y el viento, decidimos probar hacia el sur. Nos dirigimos a Vik. Tal vez en la costa haya tiempo de cambio.

Paramos en Selfoss, en la biblioteca pública, para consultar el pronóstico del tiempo en internet y nos da relativamente bueno para los dos días siguientes. Esto es, que no indica nubes con tres gotas negras, sino nubes con dos gotas grises e incluso nubes y claros. Los pronósticos se dan para la mañana, mediodía, tarde, noche. Aquí el tiempo cambia rápido y los pronósticos son poco fiables. Decidimos seguir hacia Vik, un poco vencidos por las circunstancias. El camping de Vik es muy recomendable y con duchas gratis (Landmannalaugar 500 isk, hay máquina para cambiar billetes en monedas ). Las instalaciones muy bien atendidas. No aceptan tarjetas de crédito. Y hay una cocina-comedor comunitaria muy amplia donde estar mientras llueve. Sigue lloviendo. Las gaviotas, araos, ostreros y  frailecillos que anidan en los acantilados de la costa y en las paredes en la cabecera del camping sobrevuelan el camping. La marea está alta y no se puede acceder a las rocas de los acantilados. Esto no va bien. La decisión es clara. Hemos venido a fotografiar Landmannalaugar y si no se puede, no se puede, pero allí hemos de estar. A primera hora regresaremos. Sigue lloviendo, pero ya no sopla tanto viento. La gotera ya se ha desplazado y ahora me cae sobre la cabeza. Bocazas.

Vuelta a la senda

El día promete. Por si acaso, parada en el Vinbudin. Dos días más refugiados en el coche, pase, pero por lo menos bien atendidos. El tiempo mejora por zonas, en otras sigue lloviendo.

2011@isabeldiez

Llegamos sobre las dos de la tarde y no perdemos tiempo. Aparcamos en la carretera y subimos Sudurnamur con la intención de regresar por el Laugahraun. Pero el viento no nos deja pasar el punto más alto. Sopla muy fuerte. Los que bajan haciendo la ruta contraria vienen espantados, “terryfing weather”.

Sólo nos queda día y medio. Al día siguiente subiremos el Blahnúkur y la mañana del último día volveremos a subir el Brennisteinsalda y avanzaremos hasta Hrafntinnusker, que es el camino de salida pedestre hacia el sur. Sigue lloviendo, pero con paradas y claros.

Sólo hay que tener paciencia y aguantar el viento y el frío sin desmoralizarse. La sensación de la última mañana era que había llegado el otoño. Y sin embargo al día siguiente sería 01 de agosto. Aún estábamos en la mitad del verano.

Pronto colocaré más fotos en la galería de mi web.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y a seguir soñando con más viajes e imágenes…

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Ocasionalmente me preguntan donde o cómo tengo alojada mi web, con que programa esta hecha y confieso que da cierto apuro confesar que es un popurri de corta y pega, ajusta y hazlo funcionar de aquella manera, resultado de un espíritu autodidacta y de un curso del inem que abarcaba desde tecnología de servidores hasta páginas web, un poco de javascript y algo de flash. De todo ello y aprendiendo CSS, actionscript, y pasando muchas tardes de frustración, y por último la ayuda de componentes como director y slideshowpro, conseguía montar una web que me daba un servicio. Pero muchos más quebraderos de cabeza… con las actualizaciones, los nuevos navegadores, dispositivos, blogs, rss, facebook, etc.. y luego la constancia de tener las imágenes en un servidor que ha sido eficiente, pero que al fin y al cabo, no conoces. Afortunadamente todo eso ya es historia.

Finalmente he encontrado lo que buscaba.

Ayer día 18 de julio estrené nueva web www.ubaldomoreno.com.

La web esta alojada y mantenida por Bluekea,  un servidor de confianza, creada por el webmaster de Portfolio Natural y fotógrafo de naturaleza Jesús Rodriguez.

A elegir entre muchas clases de diseño y todos personalizables, en español, con confianza y según he podido saber, con nuevos servicios al caer… ya no hay excusa para no tener una web. Y yo no puedo más que recomendar los servicios de Bluekea.

Enhorabuena por la iniciativa Jesús.

Sitios web profesionales, para fotógrafos, diseñadores y artistas

Crea tu propia página web con galerías de imágenes, vídeos, noticias, enlaces y textos. Elegante, profesional y siempre actualizada.

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Olympic, el bosque residual

Esta es la crónica diferida de nuestro último viaje. El destino inicial eran las tierras altas de Escocia, pero el fin de semana anterior decidimos el cambio de destino. Se perdían demasiados días de conducción. Queda pendiente para una próxima ocasión.

El objetivo que nos fijamos era simple, fotografiar el color verde, pero asociado a otros conceptos como la humedad, la naturaleza intacta; supongo que debido al influjo de la llegada de la primavera. Mi objetivo secundario, ejercitar la ordenación de los elementos en el paisaje.

Y el lugar escogido fue el Parque Nacional de Olympic en el estado de Washington, próximo a la frontera del Canadá. El Parque Nacional protege un bosque lluvioso templado, un lugar donde el indice de pluviosidad aún es muy alto, una columna de agua de unos 3,5 metros de altura al año, un ecosistema muy escaso en el planeta, tal y como podéis ver en el mapa de distribución, debido a las peculiares condiciones ambientales que han de coincidir para su desarrollo, y cómo no, a la destrucción de su hábitat.

bosque templado lluvioso - temperate rain forest

Si es cierto que el verde relaja la vista, ésta prometía ser una terapia de choque. Y una terapia adicional de oxigeno. Añadido a la práctica ausencia de turistas, dado que la temporada la dan por abierta en Junio, vino a configurar el equivalente a una semana en un relajante balneario…

El vuelo de United Airlines desde Frankfurt tuvo su punto gracioso. Asientos en mitad de la fila en un vuelo bastante abarrotado. A mi lado, en el asiento del pasillo que yo deseaba haber tenido asignado y que en mi  fuero interior deseaba que no se ocupara o imaginaba negociar un cambio, se viene a sentar una anciana. La primera reacción fue ver claramente que aquí no habría nada que negociar y aún peor, que no habría quien se levantara a estirar las piernas si caía dormida. Por lo que inicialmente no estuve muy espabilado en ayudarle a colocar su equipaje de mano en el compartimento sobre nuestras cabezas. Es notable lo poco conscientes del momento que vivimos habitualmente, viviendo el pasado o el futuro. La señora, después de unos instantes intentando dilucidar donde iba a colocar la manta y la almohada de cortesía, su bolso y algún papel que traía en la mano, finalmente se acomoda y me saluda con una sonrisa encantadora. Olvidadas ya mis pretensiones iniciales, iniciamos una conversación, aunque parecía un dialogo de sordos, hasta que encontramos la cadencia adecuada, despacio, algo alto y lo más claro que pude. Algo así como hablar en plan indio de los western, pero en ingles. La señora, ucraniana, volaba a EEUU a visitar a su hijo. Su marido había fallecido y quería ver a su hijo. Eso después de una larga “pseudo conversación” y después de que le fuera preguntada su nacionalidad por la tripulación, para saber si debía rellenar o no la visa antes de la llegada. Finalmente llegamos a la cuestión de que clase de libros me gustaba leer y a mi deducción, confirmada, de que debía haber sido profesora de literatura. A ella, aparte de los clásicos rusos, le gustaban los thrillers best-sellers anglosajones del tipo John Grisham. Y en esas estábamos, cuando tras el despegue, el tripulante de cabina, un tipo de mediana edad y con un pin arabe-israelí en la solapa, que me pareció venía observando nuestra conversación, se acerca para llevarla a otro asiento, un asiento con más espacio para ella. Al final tenía “mi” asiento… libre. Posteriormente, cuando repartía las bebidas para la comida, con un guiño y en un rápido movimiento, deslizó dos botellas de vino blanco en nuestro bolsillo del asiento, bebidas que eran de pago. El resto del viaje fue convencional. Hasta el momento de hacer la conexión. La que te puede liar una persona en la facturación. Resumiendo, nuestro destino era Seattle, estado de Washington, en el Oeste, código de aeropuerto SEA. Nuestra escala era en la ciudad de Washington, estado de Columbia, en el Este, código de aeropuerto IAD. Evidentemente nos facturó las maletas a Washington, IAD. Había que recuperar las maletas de la cinta del terminal doméstico, si no se las llevaba antes nadie, … pensaba yo y con ellas en mano nos buscarían un nuevo vuelo. En cualquier caso ya nos habían adelantado que suponía perder un día del viaje, dependiendo de los posibles vuelos, ofreciéndonos llegar a destino vía San Francisco o Denver… eso después de 10 horas de viaje …, más perdida de la noche de hotel, buscar hotel en la ciudad de escala,  el coche de alquiler, modificar el plan de todo el viaje, etc … y en esa situación lo mejor es aceptar la situación cuanto antes, relajarse y fluir con ella para sea todo lo a favor que pueda resultar. Un disgusto evidente, pero controlado y una presencia continua delante del mostrador.

La fortuna quiso que, recuperadas las maletas del terminal doméstico, para sorpresa y alivio de la compañía que nos tenía que arreglar el desaguisado,  el vuelo a Seattle tuviera un retraso de varias horas y que el supervisor se percatara del retraso. Ellos se ahorraban los vuelos adicionales y el posible alojamiento y nosotros recuperábamos nuestro viaje. Una carrera hasta la puerta de embarque y los dos últimos asientos junto a la puerta … nuevamente, prueba superada… después de 22 horas de viaje.

Nuevamente pudimos alquilar un Jeep Grand Cherokee 2011, el último o único que quedaba. Si supieran el uso que le pensábamos dar, no nos lo hubieran alquilado.  Ya teníamos el alojamiento asegurado y tratándose de uno de los lugares del mundo con mayor pluviosidad, era importante no tener que poner la tienda, que no habíamos traído en este viaje y tener que marchar de los lugares antes de lo deseado en busca de un alojamiento. La parte trasera de este coche se abate completamente en una cama de metro ochenta y cinco por metro y medio. Colchonetas inflables, sacos de dormir y una pequeña y maravillosa almohada comprada durante regreso del viaje a Death Valley, una maravilla de viscolatex que se enrolla en su funda. Nos vamos haciendo cómodos.

Lo primero que me llamó la atención fue la cantidad de coches circulando por la autopista un domingo por la noche. Mas tarde reparé que la mayor parte de ellos tenían que ser soldados regresando a su base, una base de tal extensión que tenía siete salidas de autopista para acceder a la misma. La conducción era bastante agresiva y yo estaba muy cansado. Ya en la autovía, la conducción fue mucho más relajada. Los cadenas hoteleras, restaurantes y gasolineras están perfectamente señalizados en las salidas de las autopistas.

En esta ocasión, hicimos las compras el día siguiente de la llegada. Una exigencia mía. La experiencia dictaba que los primeros días de los viajes son poco productivos. Y si llega el caso de encontrar la sintonía, no quiero tener que dedicar tiempo a la búsqueda de material logístico, dígase comida, ya que yo sin el tanque lleno, no avanzo. Limitaciones que tiene cada uno.  Así que, después del desayuno en el hotel, hicimos avituallamiento en Walmart. En este viaje, hemos “tirado” de comida oriental, mayormente sopas estilo miso y pasta, verduras y fruta. Creo que es el viaje que mejor hemos comido. Cada vez veo más preocupación por lo que se come y una competencia por el producto con menos conservantes, colorantes y añadidos… La única diferencia es que no se estila mucho la cocina mediterránea, salvo la italiana. Pero cada vez encuentro cosas más interesantes que comer, sin ser las odiosas “beans con tomate” de hace años…

A destacar, por la relevancia que tuvo en el comfort durante el viaje, la compra de un cenador “made in China”, unos 40 dólares, que acabó roto por varias partes, pero que nos salvó el viaje. Instalado, cubriendo la mesa que dispone todo “campground”, con un lateral que nos actuaba de pantalla contra el viento y la lluvia, nos permitía cocinar, jugar a las cartas y disfrutar del fuego del campamento a salvo del relente.

Siempre me había parecido una chorrada, pero de sabios es cambiar de opinión. Creo que pasamos buenos ratos junto al fuego y aunque no lo parezca, en una noche fría al raso, un fuego calienta. Ya soy un incondicional.

La llegada al Parque Nacional de Olympic no puede ser mas descorazonadora. Otra industria principal de la zona, aparte de Boeing, Microsoft, Amazon y el ejercito americano, es la industria de la madera. Las plantaciones ocupan la mayor parte de lo que antes fue parque nacional, y los períodos de tala tienen ciclos de setenta años.

Nuestra primera noche en el parque. Habíamos subido por el valle de Quinault y fué de lluvia continua. Finalmente cesó. Al levantar la cabeza a primera hora del día, lo primero que observamos es que está todo nevado! Unos diez centímetros de nieve. Cruce de miradas de estupor y salir a evaluar la situación. Esto no estaba previsto. El termómetro marcaba 2 grados y el cielo prometía más precipitaciones. No hacía falta consultar el barómetro de mano, un magnífico chivato del tiempo en las siguientes horas y que no nos falló a lo largo del viaje.

Después de un corto paseo hasta el primer cauce, donde había que cruzar caminando sobre un tronco nevado y ante la falta de equipamiento adecuado y ante el temor de que volviera a caer más nieve, decidimos bajar en altura, hacia la costa o probar con otra orientación de algún otro valle.

El parque esta situado en una península y tiene protegida una franja de costa salvaje de unos 120 kilómetros, y unos pocos kilómetros de ancho.

Según un programa de radio que sintonicé el tiempo venía siendo inusualmente frío y lluvioso desde hacía 2 meses. Si estas precipitaciones procedentes del golfo de Alaska hubieran caído en pleno invierno, estiman que hubiera batido records de precipitaciones de nieve. El mar, estaba muy agitado y un fuerte viento soplaba del Pacífico.

Había que volver a entrar en el bosque, esta vez elegimos otro valle, el de Queets, en el que no había nieve por su menor altura. Entramos por Lower Queets y por fín, nuestras primeras visiones verdes. Bueno en realidad, un verde bastante dorado. La primavera llevaba un retraso y aún vestía los colores del invierno. Con todo, se aproximaba a las imágenes que habíamos visto. La carretera de Lower Queets esta cortada unos kilómetros más adelante debido al desprendimiento de toda una ladera y recibe pocas visitas. Confío en que no saquen esta zona del parque nacional por tal motivo. Volveríamos más adelante a visitar Lower Queets.

Seguidamente nos dirigimos a la parte alta el valle, Upper Queets para pasar la noche. Ya a la hora de cenar encontré una paquete de pasta de arroz mordisqueado por un roedor y se me encendieron las alarmas. Las pasta había estado todo el rato en las bolsas reciclables que venden ahora en los supermercados, había traído algunas para alojar y mantener el orden de la comida y demás útiles de cocina y poder utilizar las bolsas del supermercado para la basura. ¿ Cuando había pasado ? Bueno, ya estaba hecho, la pasta a la basura y a cenar pronto, que hacía bastante humedad y frío. Aún no habíamos descubierto las bondades de un buen fuego de campamento. Que bien nos hubiera venido en estos primeros días, porque iba todo bastante cuesta arriba. Pero había buen ánimo para superar los obstáculos. Mañana sería una nueva oportunidad. Y de repente, metidos ya en el saco de dormir,  oigo un evidente ruido de roedor enredando en las bolsas de comida.  No puede ser ! Estaba dentro del coche, comiéndose mi comida.  Frío y humedad la que quieras, pero la comida, ni tocar ! El ruido continuaba y por más que mirara entre las bolsas, no veía absolutamente nada. Andará en la basura ? Ya por entonces Isabel estaba a punto de mandarme a la calle y quedarse a dormir con el ratón. Por si era el caso y para dar un poco de tiempo a rebajar la tensión, me levanto y llevo la basura al contenedor. Unos 300 metros de caminata en mitad de la noche fría. Seguro que me sentará bien, pensé. Regreso e intento aceptar la situación y dormir. Durante el paseo había razonado que no podía ser un ratón, porque ni son tan ruidosos, ni son tan poco destructivos. Estos no te dejan ni el plástico que cubre la pasta. Y en nuestro caso, apenas se veía mordisqueada la pasta que tiramos a la basura. Tenía que ser una ardilla. Seguro que la habíamos traído desde la costa,  ya que anduvieron algunas alrededor del coche la noche anterior.  Y ahora que hacemos ? Como llevarla de vuelta si no soy capaz ni de verla. Sólo el tacatacataca encima de la bolsa de ropa, de un lado a otro. Encima cachondeo;  tacatacataca, al de poco otro tacatacatacataca. Pensaba en los puestos de patitos de ferias que abates de un balín, mientras van de un lado al otro.  Al de un rato el tacataca lo siento encima del saco sobre mi cabeza. Ah no ! Hasta ahí podíamos llegar. Aceptar perder la comida es una cosa, pero que no me dejen dormir, eso, eso era una declaración de guerra formal. Con un grito de “Ya no puedo más !” que dejaba bien claro que no había ya negociación posible, me visto y calzo mínimamente y me dispongo a vaciar el coche completamente. Isabel que piensa que he perdido la cabeza, se arrebuja en el saco e intenta ignorarnos.  Lo vacío y no encuentro nada. Nada. Ni rastro. Quiero pensar que se habrá asustado y metido bajo los asientos, debajo de nuestra cama.   Reordeno la comida en las bolsas y cubro las mismas con otras bolsas. La comida estaba a salvo. Sólo quedaba aceptar que ibamos a dormir los tres esa noche en el coche, tampoco era tan terrible. Isabel se apiada y logra que me calme y me  duerma. Niños…

Al día siguiente, durante el desayuno, todas las puertas abiertas, cebos de comida fuera del coche. Ni rastro. Hacemos un vaciado absoluto del coche y nada. Era una derrota en toda regla, me había comportado como un energúmeno, sería el hazmereir de la vuelta a casa. Humillante.

En fín, no hay ánimo que no arregle una buena taza de café de Colombia. Decidimos hacer el Queets Loop Trail, un circuito cerrado junto al río. No parecía muy complicado, más bien un circuito turístico, pero finalmente casi acabamos perdiéndonos, ya que la señalización que utilizan es la cintas de color en las ramas de los arboles, y pasada la temporada, suelen desaparecer. Es un “perderse” relativo, pero tiene su cosa. La humedad es altísima, el olor de la madera en descomposición lo inunda todo y llueve intermitentemente. Apenas hay ruidos que no sean naturales. Compartimos espacio con los distantes elks (ciervos canadienses) y los trinos de pájaros, que tampoco llego a ver. Los árboles yacen caídos por todos lados y poco a poco hacemos esfuerzos por aprender a reconocerlos.

Un poco más animados, fijamos nuestro siguiente destino en el valle de Hoh. El más famoso y el más preparado para el visitante. El acceso al parque ya es espectacular e hicimos nuestras paradas en el arcén. Nunca había visto una escena donde todo es verde, la luz, los objetos, todo.

En Hoh hicimos tres trails. Inicialmente habíamos rechazado hacer los circuitos más pequeños, creyendo que serían circuitos turísticos. Craso error. Lo son y no lo son al mismo tiempo.  Resultó que el Hoh River trail, el único trail que todo entusiasta de la montaña y todo fotógrafo tomaría en busca de la imagen más exclusiva, estaba cortado unos kilómetros más arriba por unos severos desprendimientos y hubo que conformarse con el Hall of Moos trail  y el Spruce Nature Trail. Resultaron ser dos maravillas. Seguramente no comparables con el River trail, que no lo sabremos, pero magníficos. Y adicionalmente, muy informativos con los carteles desplegados a lo largo del recorrido explicando la formación y desarrollo del espacio biológico que visitamos.

Decidimos volver a la costa, en busca de las estrellas de mar; ya habíamos descartado las imágenes de la costa, porque no cuadraban mareas y puestas para los contraluces y porque ya hay muchas. El temporal ya había calmado y disfrutamos de un día de playa magnífico, aunque algo ventoso.  A partir de este día no volvimos a ver nubes, para alegría de muchos y nuestro desánimo. Así que decidimos alquilar un bungalow frente al mar y darnos un homenaje con una cena en el restaurante tras una abundante y relajante ducha.  No habíamos visto una sola estrella de mar, ni una pista donde podríamos localizarlas. Porque lo cierto es que la costa era bastante arenosa. A la mañana siguiente, tras el desayuno, decidimos bajar a la playa y pasear, después de despedirnos de nuestra mullida cama. Resulto que las pocas rocas que había frente al bungalow estaban repletas de estrellas de todos lo colores, blancas, moradas, naranjas, marrones…

Había llegado la hora de dirigirnos de nuevo a nuestro primer destino, Quinault. Pero antes haríamos una nueva para en Queets. Habían quedado pendientes unas fotos. Y aunque resulte increíble, se nos vuelve a meter una ardilla a la hora de dormir. Pero esta vez, aunque tampoco la llegue a ver, después de vaciar completamente el coche, no volvimos a saber de ella. Estaba claro. No la habíamos traído de la costa. Simplemente tenían hambre y mucha habilidad para colarse en los coches. Me figuro los festines que se darán en temporada alta.

Con este tiempo en los últimos días, la nieve tenía que haber desparecido. Y efectivamente,  sólo había, y abundante, en las zonas más altas.  Pudimos hacer 6 kilometros del Graves Greek trail, hasta poco más de Pony Bridge.

En la primera ocasión, la nieve lo había impedido. A partir de este puente, comienza el trail de verdad y el equipamiento es necesario. Me pareció el más espectacular, donde las coníferas y los cedros son mayoría. El aire muy puro y la lobaria pulmonaria omnipresente. El olor de la madera de cedro caída te queda grabado. Si tuviera que elegir un lugar, sería sin duda éste. El bosque a última hora, cuando la luz ya escasea es imponente. Un buen lugar para poner fin al viaje, con un magnífico recuerdo.

Ahora toca soñar con el próximo.

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Alaska, grandiosidad a ras de suelo

Junio, 2010. Un buen mes para visitar Alaska. Muchos europeos se desplazan a pescar en sus ricas aguas y hay un vuelo directo desde Frankfurt a Anchorage a buen precio. Justo por encima del Polo Norte. La primera impresión fue que todo estaba fuera de su escala. Mejor dicho, de mi escala. Las montañas se elevaban desde la misma llanura costera y la luz ambiente y la temperatura presagiaban que no iba a ser un viaje fácil. Las llegadas siempre son difíciles; cansancio, adaptación al uso horario y usos locales, conducción en un sistema de señalización vial distinto, los semáforos no están donde debían estar y los carteles no indican lo que uno cree que indican, sino lo contrario. No os voy a quitar el placer de descubrirlo. Por lo demás, resulta muy fácil viajar por Alaska. En realidad se puede visitar, con los medios normales a disposición de un turista, muy poco territorio de este país, pero como es tan grande, hay de sobra para varios viajes. Los signos de civilización llegan hasta un punto donde, sin más, comienza la Naturaleza, salvaje. No en términos de peligro por animales salvajes, que también, sino los propios fenómenos atmosféricos y sus consecuencias, tormentas, inundaciones, granizo, derrumbes, rayos. Aquí todo es a otra escala. Había estado leyendo el libro El río de la luz. Un viaje por Alaska y Canadá. (2009), de Javier Reverte y creía haberme hecho una idea de Alaska a través de su narración. Como siempre, la imaginación de uno siempre queda superada por la realidad.

En junio aún hace frío en Alaska y arranca la temporada del turismo, compuesta principalmente por hordas de turistas que viajan en cruceros a lo largo de la costa y desembarcan en autobuses – negocio controlado mayormente por corporaciones de indígenas alaskeños, así como el de los ferries turísticos de cabotaje.Además de los convoys de autobuses, están los motor-homes, innumerables y por último los freelander, no me refiero a la marca comercial, sino a los que viajamos por nuestra cuenta. La mitad de la población trabajadora de Alaska regresa de California al comienzo de latemporada turística. Y no estando aún agotados por el aluvión humano,  son muy atentos. También es que hacen caja de las propinas y no se puede desperdiciar una oportunidad. Los que residen en Alaska todo el año, van a otro ritmo. Parece que les cuesta salir del letargo invernal. Y como que no les corre prisa hacer caja. Están mayormente asentados con alguna actividad económica según la temporada del año, turística o no. Y luego estaban los que residiendo todo el año, no tenían ninguna relación con el turismo, lo cual era más que evidente por el aspecto de sus casas y propiedades. Algunos, auténticos museos de la maquinaria, coleccionistas del oxido y del escombro. Y poco amigos de convertirse en atracción turística. Imponen bastante respeto.

Llama también enseguida la atención la cantidad de vida animal que hay, en el cielo, en el mar, en la tierra.  Las águilas están omnipresentes, hay que conducir con precaución porque se te cruzan alces con sus crías en mitad de una autopista, no es lo normal, pero ocurre, con relativa frecuencia ya que llevan la cuenta en paneles de la autopista… A los perros domésticos no se les pierde mucho de vista, porque puede que no regresen atacados por los lobos. Y que te den un spray con esencia de mostaza como última barrera de defensa, pues indica el grado de proximidad. La primera quincena de junio es mal momento para malestar a los alces con sus crías, son bastante peligrosos. Y que por todos lados haya cuartos o depósitos de comida a prueba de osos… pues la verdad, impone. Especialmente si duermes en una tienda de campaña.

Alaska tiene más de 10.000 glaciares en su territorio y eran el principal objetivo de nuestro viaje. Y si bien están retrocediendo como en todo el planeta, siguen siendo espectaculares y de todos las clases. Se les visita en kayaks, barcas, ferries, en helicópteros que aterrizan en el mismo glaciar, en aviones que los sobrevuelan. De todos los medios de transporte, el más espectacular es el helicóptero y el más sobrecogedor el kayak. Te ves con tan poca capacidad de acción frente a semejantes colosos, que si lo pensaras dos veces, no lo harías. Nosotros quisimos hacerlo por nuestra cuenta, pero todos los indicadores eran contrarios, así que finalmente lo hicimos de la mano de un guía, lo cual finalmente acabó probablemente salvándonos la vida. Gracias Joel ! Una experiencia inolvidable y que nunca se vuelva a repetir.

Una selección de imágenes del viaje en el siguiente vínculo: “Alaska“.

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Pura Vida, un canto a la diversidad

Tal vez sabréis que la expresión “pura vida” en Costa Rica es una frase comodín para expresar un sentimiento positivo hacia una acción o un hecho.

Bien, pues a comienzos de año 2009, se realizó el proyecto “Objetivo Pura Vida” y cito textualmente: ” Es una producción de la Consejería Cultural de la Embajada de España en Costa Rica que tiene dos objetivos: por un lado dar a conocer el trabajo de cuatro de los mejores fotógrafos de naturaleza de España, como muestra de que en este campo nuestro país cuenta con profesionales de primer nivel; por otro mostrar las bellezas naturales de Costa Rica, así como su riquísima biodiversidad. ”

Obviamente yo no fui invitado, pero tuve la suerte de poder ir como fotógrafo “consorte” y a mis efectos prácticos, como si me hubieran invitado, porque, si bien pagando de mi bolsillo todos mis gastos, como no podía ser de otra manera, pude aprovechar todos los medios que se pusieron a disposición del proyecto, sin la presión de tener que entregar un trabajo al final del mismo.

Decir que Costa Rica es un paraíso es una obviedad. Este era mi segundo viaje a Costa Rica y sabía lo que me iba a encontrar. Y como iba a remolque de los integrantes de un proyecto,-  bueno, de la mitad de los mismos,  se hizo el proyecto en dos tandas –  y de sus objetivos fotográficos, pues había que adaptarse y correr detrás, en algunos casos literalmente. Parecía que lo mejor era hacer un tipo de fotografía ligera, sin mucha reflexión, de impresiones. Yo acababa de terminar el trabajo de otoño, en la cara francesa de Pirineos, con los barridos a mano alzada y aquella técnica venía al caso.

También sabía que salvo que tuviera suerte con el tiempo y fuera bendecido con un cielo de claros y nubes, la luz en el trópico iba a ser dura, muy dura,  en cuanto sale el sol por encima de la cabeza.

Pensé en que sería una buena oportunidad seguir explorando los barridos y otros recursos como el golpe de zoom. Son viejos recursos, pero nunca encuentra uno una razón para usarlos.   Al finalizar la jornada, mientras en el hotel ellos borraban las fotos borrosas, yo borraba las fotos enfocadas. Eduardo no entendía nada. Isabel ya sabía lo que había.

El resultado del trabajo se puede ver en la galería: “Pura Vida“.

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El Bosque en la Memoria, esencia de otoño

Como todos los años, la llegada del otoño provoca que muchos fotógrafos de la naturaleza abramos nuestro cajón del imaginario y comencemos a hacer planes de cómo enfocar este año el mismo. Como resulta que uno no vive al pie de la montaña y el otoño hace lo que quiere, unas veces llegas muy pronto, otras veces llegas muy tarde, en otras nadie sabe cuando pasó, en ocasiones la lluvia es la protagonista, en otras el viento; en definitiva, como había llegado a la conclusión de que no había que preparar nada y encararlo sin más pretensión que disfrutar del otoño en unas pequeñas vacaciones de una semana y como que quizás por casualidad, quizás por algún recuerdo inducido o simplemente porque, una vez más, el cabezal del trípode cedió en mitad de la toma, lo cierto es que ese otoño del 2008, sin esperarlo, realicé uno de los trabajos que más satisfacción personal me ha causado. Cierto es que se juntaron, como no, varios factores. El primero es que ya tengo problemas para vista a corta distancia. Por otro lado, las vueltas que le habría podido dar en la cabeza de cual podría ser la manera de reflejar la sensación de otoño que queda grabada en la memoria y que me espolea cada año.

Y como la inspiración, buena o mala, siempre llega trabajando, aquella mañana las piezas encontraron su camino para encajar en mi mente y encontrar mi manera de plasmarlo. Un barrido de la imagen creaba una atmósfera con unos detalles mínimos reconocibles y unos colores que eran fácil de identificar con el otoño. Así que la tarea consistió en explorar. Disfruté con exploración de las posibilidades de las distintas velocidades y movimientos de muñeca, cuando imprimir el movimiento, al inicio o al final, de forma regular o brusca, según que velocidad y diafragma para buscar un resultado determinado y el disfrute del descubrimiento de resultados inesperados que abrían un nuevo camino a explorar.

En mi opinión uno recuerda la idea de otoño, construida con las experiencias de los cinco sentidos y el concepto visual de otoño es mayormente la de los colores dominantes. En este caso, el bosque, no deja ver el árbol. Esa era la intención de este trabajo, ayudar a intensificar mi memoria de bosque de otoño.

Esta es una selección  de imágenes de aquella semana de otoño del 2008:  El Bosque en la Memoria.

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Death Valley, un viaje geológico

El año 2011 arranca fotográficamente con un viaje a Death Valley National Park, California, un desierto que sólo procede visitar en invierno ya que posee el record mundial de calor,  58.1º C.  Y casi termina antes de comenzar. Es sábado y me despiertan a las 05:15. Isabel hizo bien en no confiar en mi, hasta recientes fechas, infalible despertar. Llevo demasiado cansancio acumulado. Carrera mañanera y cola interminable en el aeropuerto.

Ruta : Bilbao – París (1.40′) – Salt Lake City (11h) – Las Vegas (1.30′h) – Death Valley (2.30′) . Mucho más recomendable la vuelta, Death Valley – Las Vegas – Atlanta (4h) – París (8h) – Bilbao, resulta mas llevadero 8 + 4 que 11 + 1.

En París, retraso de 3 horas en la salida; conclusión final: un trozo de hielo que deja un charco de “líquido” bajo el avión. Revisión técnica a fondo. Y que, por último, no aparece el push back por espacio de 30 minutos… Primeras observaciones:  la comandante llega al vuelo dando cuenta de su comida recién comprada en el aeropuerto. Algo que veremos frecuentemente en los aeropuertos americanos. La tripulación tiene una edad media superior a los 55 años. Todo experiencia, simpatía y saber hacer. Impresionante el servicio a bordo. Hemos tenido suerte y  tras solicitar un cambio de asientos, nos han puesto en la fila que tiene la pared con el televisor incrustado. Como se agradece para estirar las piernas contra la pared. Me he vuelto a olvidar de mis auriculares acolchados y tengo que hacer el viaje con los dolorosos auriculares de cortesía. Cambiamos la ruta por una más directa y acortamos una hora. Sobrevolamos Islandia, Groendlandia, Canada y directos hasta Salt Lake City. Las llegadas a EE.UU son siempre un poco estresantes y el hecho de haber perdido el vuelo de conexión y no tener idea de como continuará tu viaje, no ayuda. Adicionalmente, sabemos que hemos de recoger el equipaje y volver a facturarlo.

Sorprendentemente fácil. Recogida del equipaje, control de pasaporte y escaneado de huellas digitales e iris.  Sigues los carteles de conexión y nos tropezamos con un panel móvil y dos relaciones públicas de Delta dispuestos a localizar tus nuevas tarjetas de embarque ya impresas y ordenadas por apellido, tu bono de 50USD de compensación, tu bono de 6 USD para gastar en cualquier restaurante de la terminal y las maletas simplemente directamente a una cinta, sin colas. Se agradece. Pero tenemos que espera 2 horas… Segunda preocupación. El  coche en Las Vegas y el alojamiento en Death Valley. Llegaremos aproximadamente a las 23:30. No se preocupe usted, funcionamos las 24 horas.  Llegamos a Las Vegas, todo luces, exactamente igual que en cualquier serie de TV y máquinas de juego en cada rincón del aeropuerto, anuncios de los espectáculos, etc … Aún queda recoger el coche y 2 horas y media de conducción. Y si quieres usar un carrito, pagas 4 dolares que recuperas al devolver el carro. A ver donde cambias. En fin, los coches de alquiler están en otra terminal y te llevan en autobus. Allí los carros son gratuitos. Menos mal. Estoy cansado del viaje. Después de registrarte, ya sea en un mostrador o en un puesto automatizado asistido por una señora hiperactiva y muy amable, también de edad superior a 60 años; en España estamos en pleno debate del aumento de la edad de jubilación, me indican que elija un coche cualquiera dentro de mi categoría que encontraré en la zona correspondiente. Uff, a ver que queda a estas horas. Quedan 3 y uno es un Grand Cherokee del 2011. LAs llaves en el salpicadero. Reviso el estado del coche. Maletero y asientos traseros totalmente abatibles. Veo la luz. Ya no voy a necesitar la tienda. Pero me cuesta encontrar la salida del garaje, donde registran que coche te llevas. O sigo iluminado o no hay perdida porque atravesamos Las Vegas y encontramos nuestra ruta a la primera. El viaje, en estas vías tan rectas y largas, resulta demoledor y peligroso. Isabel lo intenta de todas las maneras que puede y finalmente llegamos a nuestro alojamiento. Mañana a las 5:00 en pie para fotografiar el amanecer. Que horror. Pero antes nos espera una ducha caliente y una cama muy mullida.

Día 1

Aún de noche y sin desayunar. Corriendo a Zabriskie Point.

La fila de fotógrafos no deja un hueco libre. El desánimo cunde, pero sin comentarios.  Temíamos que el viaje podía convertirse en una pesadilla de trípodes. Sopla además un viento fuerte del este. Busco un lugar donde sentarme y mirar el amanecer. No saco la cámara. Veo que se trata de un grupo organizado. Un taller. Cuento ya con encontrarlos el resto del viaje. No los volveremos a ver. Supongo que sería un taller de fin de semana. De hecho encontraremos fotógrafos, sí, pero no tantos como pronosticaba este primer amanecer. Primer y último desayuno en una cafetería americana a las 06:30. Luce un sol que podrían ser las 12:30. Aún hemos de resolver cuestiones logísticas; gas y comida. Hemos de conducir hasta Pahrump, en Nevada, a 1 hora de coche, en busca de un Wal-Mart. Compramos gas, un contenedor de plástico para la comida, y comida para 5 días. Ya estamos preparados y nos podemos relajar en el camino de vuelta para hacer el atardecer en Badwater Basin. Llegamos demasiado tarde y utilizamos el tiempo para hacer una inspección visual del lugar para el amanecer. Cena fría y a la cama. Ni una foto aún. Dormimos a 84 metros bajo el nivel del mar bajo un cielo estrellado sin contaminación lumínica.

Día 2

Despertar a las 04:30 y preparo un café y un bollo. El primer fotógrafo aparece a las 05:00 preguntando si sabemos si hay agua. Le decimos que sí y sonríe. Poco más tarde, un convoy de 3 coches cargados de fotógrafos que deciden ir un poco más lejos. No nos molestaremos. El cielo esta despejado y no se volverá a ver una nube en los próximos 5 días, hasta el último atardecer. Lamentable para un lugar con tanta luz. Pero a cambio, no hay brisa. Las primeras fotos.


Cuando el exceso de luz es tal, regresamos al coche y desayunamos tranquilamente. Seguimos inspeccionando la zona y decidimos hacer el atardecer en las Mesquite Flat Dunes. El temor de todo el viaje, un reguero de pisadas por las dunas, viaja con nosotros. Aunque hay gente en la duna principal, el resto está despejado y no hay huellas. Caminamos como media hora o así y pasamos una tarde memorable. Pero nos surge otra preocupación,  y nuestras propias huellas en la sesión de mañana ? Estaremos estropeando nuestras fotos futuras. Esta obsesión nos acompañará todo el viaje.

Hacemos noche en Stovepipe Wells. Una mesa con bancos, un fuego (una tradición arraigada en EEUU) y un baño con agua corriente. Durante la noche se levanta un fuerte viento norte.

Día 3

4:30 Amanecemos cubiertos de una capa de polvo y sigue soplando el viento, pero con menos intensidad. Esta vez haremos el café donde aparquemos el coche. Allí no se puede. Buscar los emplazamientos de noche no resulta fácil. Si esperas al amanecer náutico, probablemente llegues tarde. Así que aparcamos calculando la posición con los recuerdos del día anterior. Que útil un GPS. Caminamos a oscuras unos 15 minutos  y orientándonos con el bulto de la duna mayor acabamos en una zona próxima a la del día anterior. No hay una sola huella. El viento ha hecho su trabajo.  Y pensándolo un poco, una zona de dunas requiere de un viento fuerte más o menos constante. En cualquier caso, estamos solos en esta zona y no hay huellas visibles.

El cielo se ha llenado de polvo en suspensión y las luces se enrojecen. Los fondos se difuminan y las duras luces que llegan se suavizan. formas, tonos, colores, cambio constante. El viento también. El equipo parece que aguanta bien y uno se protege todo lo que puede. El resultado es un trabajo predecible de dunas. Es un primer contacto y la sensación es que hay muchas posibilidades. Pero hay que trabajar rápido ya que enseguida se eleva el sol.

En cualquier caso, encaramos la conducción hasta las Eureka Dunes haciendo cálculos de cuando podremos regresar y comentando la mañana que hemos pasado. Estas están situadas en al otro lado de las Panamint Range, sin llegar a entrar en su valle. Unas 2:30′ de conducción por una pista de tierra y subimos un puerto. La temperatura baja sustancialmente, estamos a unos 5ºC en el puerto. En el valle, la temperatura es de unos 15ºC y volvemos a estar solos.

Decidimos correr la duna por el este y adentrarnos con el coche todo lo que podamos en paralelo a la duna. Un pequeño bocata, más líquido y a caminar hacia la duna.

Es una duna inmensa. La más alta de California. Las distancias resultan engañosas, parece todo más próximo y andamos durante casi una hora. El terreno resulta no ser tan firme y cede bajo nuestro peso frecuentemente. Aprenderemos a evitar estas zonas de madrigueras que hemos dejado como un colador.

Las dunas resultan ser más firmes que las de Mesquite y la mayor parte deltiempo se dejan caminar sin mayor problema. Pero son muy grandes. Y diferentes,  con menos ondulaciones del viento.

Las luces son duras a lo largo del día y a partir de las tres, lentamente comienzan a progresar la sombras. Los contrastes a menudo demasiado amplios y no ha posibilidad de que se cubra el cielo. Quien pudiera regresar unas cuentas ocasiones para trabajar en estas dunas. Pero el tiempo apremia y es importante hacer una inspección de la zona, subir lo más alto posible para decidir la jornada siguiente. Hacemos el atardecer y regresamos con el ocaso al coche. Hace rato que pasamos frío. El cielo estrellado es impresionante !

Día 4

Esa noche hace mucho frío. Amanecemos a 4 bajo cero y se mantiene así hasta un buen rato después de salir el sol. Hemos vuelto conduciendo de noche a la cara este para hacer el amanecer, pero comprobamos inmediatamente que debido a lo encajado que está el valle, que no habrá luces sino cuando el sol esté bien alto y mucha luz ambiental. Decidimos quedarnos una noche más y el cansancio nos pide una siesta, interrumpida por un caza de las FF.AA. en vuelo rasante. Justo a tiempo para soltar la cámara con un movimiento controlado y llevarse los dedos a los oídos. Tiembla todo el cuerpo y le podemos ver el casco al piloto en vuelo inverso. No será el último ésa mañana. Encaramos el atardecer por la cara oeste de la duna. Queremos llegar andando hasta el final de las dunas.

El inicio es prometedor. Una superficie de barro liso y cuarteado, vestigio de una zona frecuentemente inundada, que parece no tener fin. Pero lo tiene. Y comienzan las minas. Regresamos sur-norte fotografiando el atardecer hasta el ocaso. Caminamos de vuelta bajo la luz de la luna por el desierto. Y no nos desviamos prácticamente. Damos con el coche por los catadióptricos.

Día 5

Amanecemos en la cara oeste, sobre el campo de barro. El sol corre y mucho. Casi tanto como la liebre que confundí inicialmente con un pájaro por la velocidad. Pero las dos orejas alargadas la delatan.  La he debido de asustar y mucho. Descubrimos que los pájaros también anidan en madrigueras bajo el suelo. Es la hora de salir a calentarse.

Finalmente enfilamos de vuelta a Eureka Dunes para hacer un último atardecer y amanecer en Mesquite Flat Dunes. La aproximación es similar a la ocasión anterior. Ya se nota la llegada de más gente al parque y ya hay más trípodes. El mediodía lo hacemos en Golden Canyon donde decidimos que haremos el último atardecer. Concretamente en la zona conocida como la Catedral. Entretanto seguimos enredando por las carreteras próximas a Badwater Basin y descubrimos finalmente la zona donde la sal y el barro evaporan formando estructuras hexagonales. Lo cierto es que las lluvias recientes, el suelo aún estaba blando, había aplanado todas las zonas que habíamos visitado. Parecía que las hubiera disuelto. 15:30, corremos de vuelta a Golden Canyon para hacer el atardecer. Y aparecen las primeras nubes… en la dirección opuesta, hacia el sol. Otra vez será. Este viaje se ha acabado. No cabía esperar gran cosa de un primer contacto de cinco días y los resultados en consecuencia . Pero que buen recuerdo.

La galería de fotos del viaje se puede acceder a través del siguiente vínculo:  Death Valley N.P.

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