Un músico del color

Siempre digo que la pintura abre un abanico de posibilidades
complementarias que pueden ser estímulos útiles para fotógrafos preocupados por
ciertos aspectos formales de sus composiciones.  En un reciente post hablé de la influencia de la pintura de Pierre Bonnard en algunos prestigiosos fotógrafos
coloristas como son Saúl Leiter o Harry Gruyaert.
Durante este verano estuve viendo y reflexionando sobre
muchas de sus obras. Y,  en estas
líneas,  me gustaría comentar algunas de las conclusiones que he llegado;  y que pueden ser útiles
para todos los que nos gusta organizar de una manera óptima y potente el color
en nuestras composiciones.
Café dans le Bois 1896. Pierre Bonnard
En primer lugar, sus pinturas no poseen el esquema
geométrico convencional de la perspectiva heredada del Renacimiento.
Creó otras perspectivas a través del uso del color recreando singulares profundidades de campo a sus escenas.
Y lo más importante, por la forma de pintar,
sus cuadros tienen cierta “vibración visual” o “visión móvil”;  un efecto que lo emparenta con la
espontaneidad en la fotografía urbana. De hecho Bonnard trabajó muchas escenas
cotidianas en las calles.
Le crépuscule au Fährhaus 1913. Pierre Bonnard
Desnudo en un interior 1935. Pierre Bonnard
Esas vibraciones visuales también aparecen en instantes efímeros de su vida íntima
en donde prima la categorización de los colores que reemplazan sistemáticamente
las perspectivas lineales tan usadas por los pintores del Quattrocento. (Vean Algunos apuntes de composición y rincones)
Me da la sensación que a Leiter y a Gruyaert (y agregaría a
Lee Friedlander) le gustó la revolución que gestó Bonnard en los planteamientos
fundamentales que regían la pintura hasta el siglo XX: el abandono del modelado
ilusionista del cuerpo, la renuncia a la perspectiva central tradicional y la modificación de las leyes clásicas de la proporción y el movimiento.
Young Woman 1921. Pierre Bonnard
En el siguiente cuadro se puede apreciar perfectamente de lo
que hablo: las figuras estan como en espacios flotantes, suspendidas y que
parecen deslizarse sin un punto fijado. Y  las figuras ubicadas en el margen derecho
superior se observan como desde una perspectiva diferente.
Crepúsculo. El partido de Criquet 1892. Pierre Bonnard
Y obviamente la riqueza de matices de verdes. “Yo había
entendido – señala Bonnard en una carta a un amigo – que el color podía
expresar todas las cosas sin necesidad de relieve ni de modelado. Me pareció
que era posible traducir luz, formas y carácter a través exclusivamente del
color, sin recurrir a las relaciones de contraste”.
Influenciado en la pintura japonesa, Bonnard representa el
espacio desde una perspectiva desde arriba, a veces abrupta, asociada a una
vista de cerca como se ilustra en el siguiente cuadro.
3 femmes au chien 1891
Y las tres personas situados a lo lejos al fondo de la
composición están  representados  en otra perspectiva, ligeramente vistos desde
abajo. El ojo, al tener que desplazarse de un grupo al otro, hace que surja la
sensación de un camino recorrido, generando así espacio entre las figuras.
Young Girl with Umbrella, 1894. Pierre Boonard
Otro aspecto revolucionario de su obra es que las figuras en
sus cuadros son parcialmente visibles. Según sus palabras “el recorte estricto
de la visión transmite casi siempre algo falso. La composición de segundo grado
consiste en reintroducir algunos elementos visuales que se encuentran fuera de
ese rectángulo”.
El cuarto de baño 1932. Pierre Bonnard
Y eso unido a que sus escenas están exentas de pathos; sus
cuadros dan la sensación de movimiento, de un mundo animado, suspendido y mantienen en vilo
la percepción del observador.
Espero que la nota les haya sido útil. Hasta pronto!

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