On the road junto con Meyerowitz

Grecia 1967 © Joel Meyerowitz
Junto con su novia, dos cámaras Leica y 700 rollos de película, en 1966,
Meyerowitz se embarcó
en un “on the road” que lo llevaría por todo Europa incluyendo una larga
estancia en el sur de Europa y Marruecos.
© Joel Meyerowitz
Fue durante ese “romántico” viaje que Meyerowitz  comenzó a sentirse un fotógrafo de verdad y donde decidió dedicarse toda su vida a la fotografía.
Justamente hoy se inaugura una expo suya con parte de esos
trabajos en el Howard Greenberg Gallery de Nueva York .
La expo titulada My European Trip: Photographs from the car
reúne unas 40 imágenes realizadas en diferentes lugares europeos.
© Joel Meyerowitz

“Fotografías desde el auto comprende mi primera obra
conceptual – señala Meyerowitz –  Pensé en mi mismo como sentado dentro de una cámara en movimiento
con ruedas y que la ventana era el marco que me mostró el desplazamiento
continuo de los eventos que vuelan en el aire. Todos esos humildes instantes
dejaron una belleza desgarradora en la película y en mi memoria”
© Joel Meyerowitz
Felices Pascuas para todos!
Nos vemos el lunes!

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5 respuestas a On the road junto con Meyerowitz

  1. Un maravilloso viaje analógico, sin visor lcd, sin autofocus, con 100 ISO, sin una colección de opticas, dibujando con la luz en grises, y sin…PRISAS

  2. exacto, Jesús, y como tú dices, sin prisas. Así da gusto viajar!

  3. Quien pudiera Marcelo, quien pudiera. Yo llegué a los 19 años hasta la Minolta analógica, pero 700 carretes, madre de Dios, si estiraba el de 36 como si fuera de chicle.

    • yo también hacía estirar como chicle un rollo de 36 que a veces, se estiraba a 38 fotogramas……creo que esa tirantez ahora me viene muy bien porque no cliqueo por cliquear…lo pienso un poco…tengo muy adentro el tema analógico y eso hace que me curre las composiciones como siempre. Un abrazo, Jesus!

    • Pues sí Marcelo, es una lástima que ahora los nacidos digitales no sepan dibujar con la luz como hacíamos nosotros. Mi pobre novia aguantando pacientemente a que montara los filtros Kokin y la liturgia de ir a retirar tu carrete. Todo lo teníamos que haber hecho antes, la única opción era mate o brillo, y que sea lo que Dios quiera. El amor a la imagen y ese cosquilleo en el dedo cuando disparabas es irrepetible. Hoy con tanto movil la fotografía ha perdido, bajo mi punto de vista, parte de su magia. En fin… será que me hago mayor y nostálgico 🙂

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