El silencio del color

Hace unos años, en su libro The Eloquence of Color, la prestigiosa filósofa  Jacqueline Lichtenstein evocó el silencio que llega a provocar el color y ello es señal de su poder y de su autonomía.
Esa afirmación tan poética y llena de suspicacias de Lichtenstein me hizo recordar que, en las artes,  la discusión entre línea y color es antigua. Desde la época de los griegos, toda la disonancia que había entre ellos comenzó a ser sumamente interesante de desentrañar para pensadores y artistas. Muchos consideraron al color como una forma de corrupción del arte: superficial, no esencial, considerándolo “propiedad de algo”. 
La evolución de la fotografía corrobora esta afirmación. La fotografía a color nunca fue tomada en serio por el documentalismo o el fotoperiodismo hasta hace pocas décadas atrás. (On the line: The New Color Photojournalism)
 (c) Cristobal Hara. Cuenca 1989
Hace poco, Ediciones Anómalas en la presentación web de Los Rojos de Cristobal Hara comentó que “la genealogía de este cuaderno está clara. La consideración del color como elemento  pictórico autónomo es una clave del arte moderno….en el programa inicial de la Bauhaus, el color era materia de estudio….” y me acordé nuevamente de Josef Albers y de su Interacción del color y de su relatividad.
(c) Cristobal Hara
Hay que aprender que un mismo color evoca innumerables lecturas” señala Albers. “Y la experiencia enseña que en la percepción visual se da una discrepancia entre el hecho físico y el efecto psíquico y, “el ver” va asociado a la fantasía, a la imaginación”.


(c) David Horton

Si decimos <rojo> (el nombre de un color) y hay 50 personas escuchándonos, cabe esperar que hay 50 rojos en sus mentes. Y podemos estar seguros de que todos esos rojos serán muy diferentes”.
(c) Fred Herzog. Vancouver 1960
Incluso si especificamos un color determinado que todos nuestros oyentes hayan visto innumerables veces, como el rojo de los anuncios de Coca – Cola que es el mismo en todo el país, seguirán pensando en muchos rojos diferentes” .
Gracias a Albers entendí que el color no tiene reglas tan precisas como las líneas. Solo hay que dejarse llevar por su impacto, por su relatividad y, especialmente por su silencio.
 Hasta pronto! 

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