¿Evolución o paso atrás? Fotografía digital y el encanto de la química. (Parte I).

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Hoy voy a hablar de mi evolución, o paso atrás como me dijo un día mi madre medio en broma medio en serio…

Mis inicios en fotografía se remontan a la era del carrete y una Canon EOS 3000n con un par de objetivos zoom de la línea baja de canon, usada para fotografiar las vacaciones y poco más. Se revelaban en la tienda más cercana y ya tenía el álbum. No duró mucho, pues las nuevas cámaras digitales barrieron poco a poco del mapa  aquel mundo de carretes, del que yo no sabía mucho más que disparar en automático y llevar a revelar. Pasaron los años, y me picó el gusanillo de aprender fotografía en serio, y adquirí una EOS 40D con su objetivo de kit (que no era tan malo como los otros zoom que ya tenía). Estudié, leí, vi muchos tutoriales en youtube, practiqué y practiqué. Para mí, que he dedicado gran parte de mi vida a la música, es otra forma de expresarme artísticamente. Y además me encantaba el reto de dominar la herramienta, la cámara. Conocer y aplicar la  parte técnica, cómo saber exponer en manual en cualquier circunstancia, usar el flash en cámara y fuera de ella, controlar la iluminación en estudio y exteriores, etc, iba en paralelo a la adquisición paulatina de un equipo digital propio de cualquier profesional: Canon EOS 5D Mark II, varios objetivos de la serie alta de Canon, diversos flashes y modificadores como reflectores, sombrillas, cajas de luz, disparadores remotos, baterías portátiles… Asistí a varios cursos presenciales y comencé a entrar en contacto con modelos para realizar sesiones TfCD (time for cd), donde las fotos sirven de promoción para todos los participantes de la sesión (fotógrafo, modelo, peluquera, maquilladora, etc). Así fui practicando y sintiéndome cada vez más seguro en el oficio, y puedo decir que adquirí una buena base teórico-práctica.

Desde el principio pasaba mucho tiempo viendo fotos de magníficos fotógrafos, y poco a poco fui descubriendo mis preferencias. Las temáticas que me iban cautivando eran el fotoperiodismo y la fotografía documental de eventos, especialmente bodas, y todo lo relacionado, en definitiva, con el factor humano. Empecé a investigar más y más, a descubrir el trabajo de verdaderos artistas, y por azares del destino, me surgió la oportunidad de fotografiar mis primeras bodas. Me sentía preparado técnicamente, con el equipo adecuado y muy motivado. Las fotos están en la web. Estoy bastante satisfecho con el resultado, pero siempre quiero más, algo diferente, buscar otros caminos.
La edición digital me quitaba mucho tiempo. La apariencia de la foto tal cual sale de la cámara no es lo que buscaba, me parecía una imagen sin personalidad, sin alma. Buscaba y buscaba la manera de añadirle ese toque especial, en plug-ins, tutoriales de photoshop, trasteando en Aperture y Lightroom… Casi siempre la finalidad era simular la apariencia de la fotografía química, con software ya listo o tutoriales que, mediante ajustes, dejaba la imagen como una copia de un negativo de carrete. Al final me hice con una serie de plug-ins y ajustes en Lightroom para mi flujo de trabajo que me ahorraba mucho tiempo, y me ofrecía un resultado a mi gusto y consistente. Estaba bastante feliz, de hecho, por fin me podía concentrar casi en exclusiva en la fotografía y no en la edición, algo que siempre he intentado. Puedo decir que en digital he encontrado lo que buscaba.
Pero entonces, lejos de acomodarme, empecé a buscar otras cosas… A plantearme retos. Como comenzar a utilizar objetivos manuales fijos de la mejor calidad. Objetivos en los que tienes que poner el diafragma y enfocar a mano. ¿Me estaba complicando la vida? Un poco sí, claro. ¿La diferencia en calidad merecía la pena? En mi opinión, sí. Usar objetivos como los Carl Zeiss para Contax/Yashica adaptados a las réflex digitales de Canon me había enamorado. Así, poco a poco, vendí todas las lentes Canon para financiar la compra de diferentes focales fijas Carl Zeiss. Sé que estaba sacrificando velocidad de enfoque, pero las imágenes que obtenía me agradaban muchísimo más.
Poco después, descubrí las pequeñas cámaras Fuji sin espejo de las que hablaba en otra entrada de este blog. Desde entonces, la Canon 5D Mark II ha salido poco y todo lo que he hecho en digital ha sido con las Fuji y objetivos manuales.
Mi inquietud me llevó a foros nacionales y extranjeros sobre lentes manuales, y, consecuentemente, debido a la antigüedad de dicho material, a foros de fotografía química, de carrete o argéntica (el término fotografía analógica no me cuadra mucho…).  Me fascinaban esas cámaras, esa enorme diversidad de máquinas que, en décadas pasadas, eran las maravillosas herramientas con las que disfrutar de la fotografía de verdad. Y, además, descubrí el formato medio, con negativos mayores que el de 35mm, con el consiguiente aumento de calidad. En digital, tener una cámara “full frame” es caro y muchas veces considerado lo mejor de lo mejor en cuanto a relación tamaño de sensor-calidad final de la imagen. En fotografía química, cualquier cámara de 35mm (como una de segunda mano por unos 50 €) es una full frame, pues el tamaño del negativo es siempre de cuadro completo.
Al principio, me echaba mucho para atrás la idea de tener que llevar los carretes a revelar, pero pronto fui entrando en foros y viendo tutoriales en youtube donde explicaban cómo revelar en casa. Y fue así como compré mi primera Yashica FX3 Super 2000. La elegí para empezar en este mundillo por varias razones: podía montarle mis objetivos Carl Zeiss manuales, era ligera y completamente manual, sin electrónica, y en los foros todo el mundo coincidía en que este modelo era muy fiable. Además se puede encontrar en muy buen estado y muy económica.
Compré mis primeros carretes en blanco y negro y todo lo necesario para revelar en casa, químicos, probetas, tanque y espirales, pinzas… Encontrar un escáner de negativos de segunda mano a buen precio y en buen estado fue quizás lo más complicado, aunque la verdad es que con el Epson V600 que me hice, practicamente nuevo, tuve mucha suerte.
Mi meta era probar si me gustaba lo suficiente este nuevo mundo fotográfico como para quedarme y dar el salto al formato medio. Tanto el proceso de hacer la foto midiendo con fotómetro de mano, colocando velocidad y diafragma y componiendo cuidadosamente cada toma, como el posterior revelado en casa, fue una experiencia absolutamente maravillosa. Me acababa de enamorar de la fotografía en mayúsculas.

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